El precio de diversificar: por qué mantener tu Cartera Permanente es más difícil de lo que parece
- Rafael Ortega

- hace 12 horas
- 9 Min. de lectura
Enero de 2026. MyInvestor Cartera Permanente cierra el mes con un +4,20% después de comisiones. 108 millones de euros bajo gestión en el fondo, 25 millones más en el plan de pensiones. Casi 7.000 inversores. 5 estrellas Morningstar. Desde el inicio del fondo a mediados de 2020, la estrategia supera en más de un 20% tanto a su categoría como a su índice de referencia.
Todo parece fácil. Todo encaja. Desde fuera, parece que invertir en Cartera Permanente es poner el dinero y esperar a que suba.
Pero lo que pone a prueba una Cartera Permanente no son los meses buenos. Es lo que viene después. Los meses donde no pasa nada. Donde miras tu cartera y piensas: ¿Para qué tengo esto? Donde bonos u oro caen un 10% y tu amigo boglebots, que tiene todo en el S&P 500, te mira con cara de suficiencia.
Esos periodos no son un fallo del diseño. Son el diseño.
Diversificar tiene un precio. Un coste emocional que no aparece en ninguna ficha de producto ni en ningún gráfico de rentabilidad histórica. Este artículo va sobre ese precio — qué es, por qué existe, y por qué pagarlo es exactamente lo que te permite obtener la rentabilidad que buscas.

El activo que todos quieren quitar
Cada época tiene un activo que "no funciona". Un componente de tu cartera que lleva meses — o años — sin hacer nada, o peor, cayendo. Mientras tanto, otro activo brilla. Y la tentación se hace enorme: ¿por qué no quito lo que no funciona y pongo más de lo que sí?
Es la trampa más antigua de la inversión. Y la Cartera Permanente, por su estructura, te la pone delante de las narices constantemente.
El oro entre 2013 y 2020.
Después de alcanzar los 1.900 dólares en 2011, el oro cayó un 30% en cuestión de meses durante 2013 y pasó la siguiente media década sin ir a ningún lado. Mientras tanto, el S&P 500 se multiplicaba. Los argumentos para quitarlo de la cartera eran perfectos: "No produce nada", "El Bitcoin va a sustituirlo", "Lleva diez años muerto". Argumentos que sonaban razonables, sofisticados, basados en datos.
¿Resultado? El oro pasó de unos 1.000 dólares (cuando lanzamos nuestro fondo a mediados de 2020) a 5.600 en febrero de 2026. Una subida del 460%. Quien quitó el oro se la perdió entera.
Los bonos de largo plazo hoy.
En 2022, los bonos soberanos de largo plazo cayeron un 48%. Nadie los quiere en cartera. El argumento suena convincente: "¿Para qué tener bonos con los tipos así?" Los foros están llenos de gente preguntando si no sería mejor sustituirlos por otra cosa — por monetarios, por renta variable, por lo que sea.
Pero en algún momento, los bonos harán falta. En una deflación, en una recesión severa, en un vuelo hacia la calidad como los que hemos visto en 2008, en 2011, en 2019. Cuando ese momento llegue, la gente que los quitó no los tendrá. Exactamente lo mismo que pasó con el oro antes de 2020.
La renta variable: su momento también llegará
Si crees que las acciones están a salvo de este patrón, repasa los años 2000-2010: una década entera donde el S&P 500 no fue a ningún lado en términos reales. Lo que hoy parece el activo que obviamente hay que sobreponderar tendrá su travesía por el desierto. Siempre ha sido así. Siempre será así.
No hay ningún activo que se salve de periodos prolongados sin funcionar. Ninguno. El secreto de la Cartera Permanente es tenerlos todos, aceptar que en cada momento uno de ellos te va a generar dudas, y entender que eso no es un defecto — es el mecanismo que la hace funcionar. Si los cuatro activos subieran a la vez, no sería diversificación. Sería concentración disfrazada.
Y el coste de no aguantar es concreto: Oxford Risk estima que la inversión emocional — las decisiones de comprar y vender impulsadas por el miedo o la euforia — cuesta a los inversores alrededor del 3% de rentabilidad al año. En una Cartera Permanente con un rendimiento histórico del 5,94% anualizado en euros (1999-2025), eso es la mitad de la rentabilidad. La mitad.
Japón, o el poder de lo impredecible
Nuestra Cartera Permanente está diversificada geográficamente. No tenemos una sola Cartera Permanente, sino varias: una americana, una europea, una japonesa, una sueca, una canadiense, una suiza, una inglesa, una australiana. Cada una con sus propios bonos soberanos, su propia renta variable, su propia exposición a su divisa local.
¿Cuál lidera las rentabilidades en lo que va de 2026? Japón. Segunda, Suecia. En la cola, Suiza y Canadá.
Si alguien hubiese preguntado a finales de 2025 cuál sería la Cartera Permanente geográfica más rentable, nadie habría dicho Japón.
Eso es exactamente el punto. Si pudieras predecir de antemano qué pieza va a funcionar mejor, no necesitarías diversificar. Las tenemos todas precisamente porque no podemos saberlo. Cada año hay una que brilla y una que decepciona. Lo que no sabemos, y nunca sabremos, es cuál será cuál.
Pero para tener a Japón liderando hoy, tenías que haber aguantado a Japón cuando no lideraba. La diversificación estructural de la que tanto hablo no es un principio abstracto: es una práctica que requiere convicción. La convicción no se construye en los meses buenos. Se construye en los meses donde no pasa nada.
La caída del oro: un caso en tiempo real
Un ejemplo que está fresco. El oro marcó máximos históricos por encima de 5.600 dólares en enero-febrero de 2026. Los titulares eran eufóricos. Las entradas en ETFs de oro durante 2025 fueron récord histórico, por mucho margen. Mucho dinero retail buscando subirse a la ola.
Después vino una caída del 11% a cierres — una de las mayores correcciones intradía que se recuerdan. ¿Impacto en la Cartera Permanente? Aproximadamente un -2,5%. Eso es todo.
Este es un trade-off fundamental de una cartera con diversificación estructural:
Si el oro sube un 100%, la Cartera Permanente no sube un 100% — solo tienes un 25%. Pero si el oro cae un 11%, la Cartera Permanente tampoco cae un 11%. Cae un 2,5%. El componente que te limita en un escenario te protege en el opuesto. No puedes tener lo uno sin lo otro.
He leído en X y Telegram a muchos inversores preguntando preocupados después de esa caída del oro. Es natural. Pero los cimientos del oro para los próximos diez años son los mismos que hace dos semanas, antes de la corrección. El precio cambia. La tesis no. Lo que pensábamos en 2020 — cuando nadie quería oro porque el Bitcoin iba a sustituirlo — es exactamente lo mismo que pensamos hoy.
Lo que sí cambiará son los titulares. Un día el oro es el activo refugio que todo el mundo necesita. Al siguiente, está sobrevalorado y va a caer un 30%. Los fundamentos no se mueven tan rápido como las opiniones. La volatilidad del activo es real, pero la volatilidad de la opinión es mucho mayor.
Episodios como este se van a repetir. Con el oro, con los bonos, con la renta variable. El dinero nervioso que entró buscando rentabilidad rápida saldrá igual de rápido. Eso crea volatilidad a corto plazo, pero no cambia la tesis de fondo. Es ruido — es parte del precio del billete.
El antídoto: volver a primeros principios
Cuando un componente de tu cartera lleva tiempo sin funcionar — o acaba de corregir con fuerza —, la pregunta que te viene a la cabeza es instintiva: "¿Debería quitarlo?" Es una pregunta humana, comprensible. Pero es la pregunta equivocada.
Las preguntas correctas son tres:
¿Tiene sentido lo que tengo?
Es decir: ¿hay un escenario económico (o entorno de mercado) donde este activo (o estrategia) me protege? En el caso del oro, la respuesta es sí: inflación persistente, crisis de confianza en el sistema monetario, devaluación de divisas fiat. En el caso de los bonos, también: deflación, recesión severa, vuelo hacia la calidad. Si cada componente cumple una función en un escenario posible, la estructura tiene sentido.
¿Hay una prima de riesgo lógica?
¿Históricamente, este activo compensa a largo plazo? El oro ha sido el componente más rentable de la Cartera Permanente en euros desde 1999 (CAGR del 10,55%). Los bonos largos han protegido consistentemente en cada contracción económica de los últimos 50 años. Las acciones han sido el motor de rentabilidad a largo plazo de la humanidad. Cada componente tiene una razón estructural para estar ahí.
¿Ha cambiado algo estructural, o solo ha cambiado el precio y mi estado de ánimo?
Esta es la pregunta decisiva. Que un activo baje de precio no significa que la tesis haya cambiado. El oro a 5.000 cumple la misma función que a 5.600. Los bonos de largo plazo a tipos del 4% siguen siendo una buena protección frente a una deflación, igual que a tipos del 2%. Si nada estructural ha cambiado — si solo ha cambiado tu emociones —, entonces mantienes. Aunque sea incómodo. Aunque lleves meses esperando.
Harry Browne diseñó la Cartera Permanente para no depender de predicciones. Para no tener que adivinar nada, a sabiendas de que las piezas irían pasando por sus malas rachas.
La regla es simple: tienes activos para cada escenario posible, razonablemente equilibrados. No necesitas saber qué viene. Solo necesitas estar preparado.
Y los datos respaldan la disciplina. La probabilidad de retornos negativos en la Cartera Permanente en periodos de 3 años es tendente a cero. El peor drawdown de la historia (2022: -13% en euros) se recuperó en menos de 2 años. Quien rebalanceó a cierre de 2022 compró bonos en mínimos — exactamente cuando nadie quería tenerlos. Seguramente vendiste oro en máximos.
La volatilidad actual de la Cartera Permanente está en torno al 5,5%, con un ratio Sharpe consistentemente superior a 1 a base de resistir la tentanción de intentar adelantarte a nada.
Estar aburrido es el plan
La parte difícil de invertir no es elegir qué comprar. Es mantener lo que tienes cuando todo tu entorno te dice que deberías hacer algo diferente.
La inversión en Cartera Permanente es una inversión deliberadamente aburrida. No hay decisiones discrecionales. No hay momentos de "ahora sí, ahora no". Se ejecuta la estrategia tal cual, mes a mes, año a año. Ese es el plan.
Cuando el aburrimiento llegue — y llegará —, cuando un componente lleve dos años sin hacer nada, cuando tu cuñado te hable de lo que ha ganado con las Siete Magníficas (o el mote molón que toque en su momento), cuando los titulares digan que tu estrategia "está obsoleta", recuerda esto: ese aburrimiento es el precio del billete.
La alternativa es una cartera que te emociona cada mes. Una cartera que te hace sentir listo cuando sube y te hace sentir pánico cuando baja.
Emoción, en inversión, rara vez termina bien.
El precio de diversificar es real. Es incómodo. A veces es aburrido. Pero es un precio que, históricamente, siempre ha merecido la pena pagar.

Sigue explorando
La Cartera Permanente: qué es, cómo funciona y por qué importa — La guía completa.
Las 17 reglas de Harry Browne para invertir con seguridad — Los principios detrás de la estrategia.
La Cartera Variable de Browne — Si ya tienes clara la CP y te preguntas si hay vida más allá del 4x25.
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Fuentes y referencias:
Oxford Risk — Estudio sobre el coste de la inversión emocional (~3% anual). Referenciado vía FundsPeople España.
carterapermanente.es — Datos históricos CP EUR (1999-2025, CAGR 5,94%) y CP USD (1972-2025, CAGR 8,56%). Oro CAGR 10,55% EUR.
Icaria Capital — Directo cierre mensual CP enero 2026 (Carlos Santiso + Rafael Ortega). Datos de AUM, inversores, rentabilidad enero, CPs geográficas, caída oro, entradas ETFs oro 2025.
Morningstar — Rating 5 estrellas MyInvestor Cartera Permanente.
MyInvestor — Informe 2S25 MyInvestor Cartera Permanente
Descargo de responsabilidad
Rafael Ortega Salvador es Gestor de Fondos de Inversión Senior en Andbank Wealth Management SGIIC, entidad supervisada por CNMV donde gestiona diferentes vehículos de inversión y carteras discrecionales. Estos vehículos y carteras pueden estar invertidos en los subyacentes, instrumentos, activos o estrategias mencionados en esta publicación, pero no han tomado posiciones en valores mencionados en los cinco días hábiles bursátiles directamente anteriores ni posteriores a la fecha de publicación original, ni estos suponen más del 5% del patrimonio de ninguno.
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