La Cartera Variable de Harry Browne
- Rafael Ortega

- hace 6 horas
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El concepto olvidado de la Cartera Permanente
La Cartera Permanente ya es una idea mainstream en el mundillo de la inversión (quiero pensar que algo tengo que ver con esto). Cuatro activos, 25% cada uno, rebalanceo anual y a dormir tranquilo. Es una de las estrategias de inversión más elegantes jamás diseñadas y, como hemos visto en esta web, sus resultados históricos la avalan. Pero hay un detalle que casi nunca se menciona: Harry Browne nunca dijo que la Cartera Permanente fuera tu única cartera.
Browne diseñó un sistema de dos partes. La primera —la Cartera Permanente— era para el dinero que no puedes permitirte perder. La segunda —la Cartera Variable— era para todo lo demás. La primera te protege. La segunda te da libertad.
Si has leído las 17 reglas de seguridad financiera de Browne, la regla 12 es clara: especula solo con dinero que puedas permitirte perder. La Cartera Variable es, exactamente, la implementación práctica de esa regla. Entender cómo funciona cambia la forma en que pensamos sobre la Cartera Permanente, sobre sus supuestas limitaciones, y sobre lo que significa invertir con seguridad sin renunciar a la ambición.

Qué era exactamente la Cartera Variable
El concepto aparece ya en Why the Best-Laid Investment Plans Usually Go Wrong (1987), donde Browne dedica un capítulo entero a explicar los métodos que utilizaba en su propia cartera variable. Se refina después en Fail-Safe Investing (1999), su libro más conocido, donde la presenta como el complemento natural de la Cartera Permanente.
La definición de Browne era deliberadamente simple: la Cartera Variable contiene el dinero que puedes permitirte perder. Nada más. No hay una asignación de activos fija, no hay un porcentaje establecido, no hay reglas de rebalanceo. Es tu espacio para hacer lo que quieras con la parte de tu patrimonio que, si desapareciera mañana, no cambiaría tu vida.
Los propios nombres son un contraste deliberado. Permanente significa que la estructura no cambia: 25% acciones, 25% bonos, 25% oro, 25% efectivo, año tras año. Variable significa exactamente lo contrario: las inversiones cambian según tus predicciones, tus intuiciones o tus apuestas personales.
En palabras de Browne:
"I call this the Variable Portfolio because the investments in it will change based on your predictions."
Y aquí viene algo que puede que te sorprenda: Browne tenía su propia cartera variable. El hombre que dedicó décadas a argumentar que nadie puede predecir el futuro mantenía una parte de su dinero haciendo exactamente eso: predicciones. Operaba con opciones, futuros, invertía en startups. En sus newsletters, hasta mediados de los 90, también daba sugerencias sobre posibles inversiones para la cartera variable de sus lectores.
¿Una contradicción?
No. Es coherencia. Browne entendía la naturaleza humana. Sabía que la mayoría de las personas no pueden resistir la tentación de intentar ganar más, de seguir una corazonada, de apostar por lo que creen que va a pasar. Y en lugar de fingir que ese impulso no existe, le dio un cauce seguro: hazlo, pero con dinero que puedas perder. Y mantén todo lo demás en la Cartera Permanente, donde no puedas hacerle daño.
Si encontráis por internet que Browne recomendaba un reparto 50/50 entre Cartera Permanente y Variable, sabed que eso no es exacto. No hay ningún porcentaje fijo en sus libros. Lo que sí dijo, en más de una ocasión, es que si no podías resistir la tentación de especular, dedicaras como máximo un 5% de tu patrimonio a ello. El reparto 50/50 que circula en algunos blogs es una decisión personal legítima de quienes la aplican, pero no es una prescripción de Browne.
De la especulación a la personalización
Durante las primeras décadas, la Cartera Variable se entendió principalmente como un cajón de sastre para la especulación: acciones individuales, apuestas sectoriales, materias primas, inmobiliario especulativo. Era la zona donde podías dejar salir al inversor impaciente que llevas dentro, siempre que el dinero importante estuviera a salvo en la Permanente.
Pero el concepto evolucionó.
En 2012, Craig Rowland y J.M. Lawson publicaron The Permanent Portfolio: Harry Browne's Long-Term Investment Strategy, un libro que se convirtió en la referencia moderna sobre la Cartera Permanente. El libro tiene un capítulo dedicado íntegramente a la Cartera Variable, y le dan un giro importante: ya no es solo el lugar para especular. Es el lugar para personalizar.
Rowland y Lawson argumentan que la Cartera Variable es donde un inversor puede hacer ajustes que la Permanente no permite por diseño: más peso en acciones para quien es joven y tiene décadas por delante (Golden Butterfly), diversificación geográfica más amplia, exposición a clases de activos que Browne no incluyó en la estructura 4x25. Tampoco tiene por que ser especulación pura, puede ser un lugar donde adaptar el plan a tus circunstancias personales sin romper la estructura de la Permanente.
Pensadlo así. Un inversor de treinta años que descubre la Cartera Permanente tiene dos opciones. La primera: modificar los porcentajes de la Permanente (subir acciones al 40%, bajar cash al 10%) y cruzar los dedos para que siga funcionando. La segunda: mantener una Cartera Permanente intacta como su núcleo de seguridad y crear una Cartera Variable con, por ejemplo, un fondo indexado global que le dé esa exposición adicional a renta variable que desea.
La primera opción puede llevarte con el tiempo a separarte cada vez más del diseño de Browne hasta el punto en que ya no se le parezca en nada y la diversificación estructural brille por su ausencia. La segunda respeta el sistema y canaliza la ambición de forma controlada. Es la diferencia entre reformar los cimientos de tu casa y construir un cobertizo en el jardín.
Y esta es la clave: Browne separaba claramente los dos mundos. La Cartera Permanente tiene reglas estrictas porque protege el dinero que importa. La Cartera Variable no tiene reglas porque opera con dinero cuya pérdida es asumible.
Si tu impulso natural al conocer la Cartera Permanente es pensar "esto está muy bien, pero yo quiero más acciones" o "¿y si le añado bitcoin?" o "¿no sería mejor un 30% en oro?", Browne ya tenía una respuesta para ti: hazlo, pero no aquí. Hazlo en tu Cartera Variable.
Lo que Browne no pudo hacer (y nosotros sí)
Browne desarrolló su marco de inversión entre los años 70 y los 90. En aquel contexto, la Cartera Variable tenía una limitación práctica importante: las herramientas disponibles eran escasas. Si querías diversificar más allá de los cuatro activos de la Permanente, tus opciones de bajo coste eran limitadas. Los fondos indexados empezaban a aparecer pero aún eran una rareza y centrados en lo básico que ya tenías en cartera. Los ETFs no se habían inventado. Estrategias como el trend following o el carry, que hoy se implementan de forma sistemática y eficiente, solo estaban al alcance de gestores institucionales.
Browne siempre habría elegido simplicidad. Era parte de su carácter y de su filosofía. Pero la pregunta que merece la pena hacerse es: ¿qué habría hecho con las herramientas de hoy?
Porque lo que ha cambiado desde entonces es significativo. Hoy existen ETFs de bajo coste que dan acceso a prácticamente cualquier mercado del mundo. Existen estrategias sistemáticas que antes solo manejaban los grandes hedge funds y que ahora están disponibles en fondos accesibles. Existe la posibilidad de ampliar la eficiencia en capital de tu cartera con return stacking: la capacidad de superponer exposiciones para obtener más diversificación estructural sin renunciar a tu base.
Y esto abre una posibilidad que Browne no tuvo. Si la Cartera Permanente era seguridad absoluta con cuatro activos simples, ¿qué pasa si aplicas el mismo principio —prepararte para todos los escenarios económicos posibles— pero con más herramientas? No cuatro activos, sino cinco o seis. No solo activos, sino también estrategias que se adaptan automáticamente a cambios de régimen. No una asignación fija del 25%, sino un reparto calculado para equilibrar riesgos entre piezas con diferente volatilidad.
Lo que obtienes es algo parecido a lo que hoy llamamos una cartera todo terreno. Una cartera que toma la filosofía de la Permanente —humildad ante el futuro, preparación ante cualquier escenario— pero la implementa con las herramientas del siglo XXI. Acciones, bonos y oro siguen estando ahí como base, pero se suman -entre otras cosas- estrategias de tendencia que protegen en crisis o generadores de carry que aportan rentabilidad en mercados tranquilos. Y gracias al return stacking, todo eso cabe sin necesidad de sacrificar lo primero.
Quiero ser preciso con esto: Una cartera todo terreno como Offroad no es la Cartera Variable de Browne. No es el cajón de sastre donde metes tus apuestas especulativas. Podríamos verlo como una evolución que integra lo mejor de las dos carteras de Browne —la seguridad estructural de la Permanente y la ambición de la Variable— en un solo vehículo. Browne separaba seguridad y ambición en dos compartimentos estancos. Nosotros, con herramientas que él no tenía, las fusionamos.
¿Habría Browne diseñado Offroad? Probablemente no. Era un hombre de simplicidad radical y habría desconfiado de cualquier cosa que requiriera más de una página para explicarse. Pero el marco conceptual que él creó —la idea de que tu plan de inversión necesita tanto protección como espacio para crecer— es exactamente el que nos guía. No hemos inventado la filosofía. Hemos actualizado las herramientas.
Curiosamente, otro gigante de la inversión —Ray Dalio— partió de la misma pregunta que Browne y llegó a conclusiones distintas. En Browne vs. Dalio exploramos cómo ambas filosofías comparten el mismo ADN.
Un sistema para cada persona
Si me preguntaras cuál es el legado real de Harry Browne, no te diría que es la asignación 4x25. Eso es una implementación concreta, brillante y probada, pero es solo una implementación. El legado real es la filosofía del sistema:
Primero, separa el dinero que no puedes perder. Ponlo en una estructura diseñada para sobrevivir a cualquier escenario. No la toques, no la "mejores", no le hagas caso a quien te diga que puedes sacar más rentabilidad si cambias los porcentajes. Ese dinero está ahí para darte seguridad. Déjalo hacer su trabajo. Un poco como mi pirámide de las necesidades financieras.
Después, si quieres, dale espacio a tu ambición. Pero con dinero diferente, con reglas diferentes. Si pierdes esta parte, tu vida no cambia. Si ganas, mejor para ti.
No mezcles las reglas de una con las del otro. La Permanente no se toca porque funciona precisamente porque no la tocas. La Variable se toca todo lo que quieras porque está diseñada para eso.
¿Cómo traduzco personalmente esta filosofía hoy, en la práctica?
Para mi si tu perfil es conservador y lo que buscas es seguridad ante todo, la Cartera Permanente sigue siendo una de las mejores opciones que existen. Puedes implementarla directamente con MyInvestor Cartera Permanente como tu núcleo y, si lo deseas, crear una pequeña cartera variable con un fondo indexado global, small caps, value o lo que sea que te guste más para darle un poco más de exposición a lo que te interese. El sistema de Browne, tal cual lo diseñó.
Si buscas más equilibrio entre protección y crecimiento, una combinación natural podría ser Cartera Permanente como base y una cartera todo terreno o un híbrido como River o Atlas como evolución de la Variable. Una forma de ampliar la diversificación con herramientas que Browne no tuvo pero cuya filosofía habría reconocido.
Y si tu perfil es más decidido y aceptas el tracking error que implica no parecerte a ningún índice convencional, una cartera todo terreno en sus versiones con más volatilidad puede funcionar como cartera completa. Si te fijas nuestras propias carteras incluyen dentro de si mismas las piezas de una Permanente y Variable: la propia cartera integra ambos principios.
No hay una respuesta única. Hay un marco para encontrar la tuya.
La pieza que cierra el puzzle
Browne diseñó un sistema, no solo una cartera. La Cartera Permanente es la mitad que todo el mundo conoce. La Cartera Variable es la mitad que casi nunca se explica. Juntas forman un plan completo que responde a la pregunta que más oigo cuando presento la Permanente: "¿Y si quiero algo más?"
La respuesta de Browne no era "no quieras más". Era "quiere más, pero con orden. Protege primero. Ambiciona después. Y no mezcles las reglas."
Esa filosofía —seguridad primero, ambición después, reglas claras para cada una— es exactamente la que seguimos hoy. Con herramientas que Browne no tuvo, con datos que él no pudo verificar, pero con el mismo respeto por un futuro que nadie puede predecir.
Si la Cartera Permanente te enseñó que se puede invertir sin necesidad de acertar el futuro, la Cartera Variable te enseña que eso no significa renunciar a intentar algo más. Solo significa hacerlo con cabeza.
Sigue explorando

La Cartera Permanente: qué es, cómo funciona y por qué importa — La guía completa del sistema que creó Browne.
Las 17 reglas de Harry Browne para invertir con seguridad — Los principios que fundamentan tanto la Cartera Permanente como la Variable.
Diversificación Estructural: más allá de acciones y bonos — El principio que conecta la filosofía de Browne con las carteras todo terreno.
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Si la filosofía de Browne te convence y quieres empezar por donde él te diría que empezaras —protegiendo primero el dinero que importa—, MyInvestor Cartera Permanente es un fondo indexado que replica su modelo con costes mínimos. Sin mínimos de inversión, 100% online. Tu Cartera Permanente puede estar funcionando hoy mismo.
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Fuentes utilizadas
Browne, H. (1999). Fail-Safe Investing. Regla 12 + concepto CV.
Browne, H. (1987). Why the Best-Laid Investment Plans Usually Go Wrong. Cap. sobre CV personal.
Rowland, C. & Lawson, J.M. (2012). The Permanent Portfolio. Cap. 16: The Variable Portfolio.
Newsletters de Browne (citas vía icariacapital.es): Browne y su propia CV.
Descargo de responsabilidad
Rafael Ortega Salvador es Gestor de Fondos de Inversión Senior en Andbank Wealth Management SGIIC, entidad supervisada por CNMV donde gestiona diferentes vehículos de inversión y carteras discrecionales. Estos vehículos y carteras pueden estar invertidos en los subyacentes, instrumentos, activos o estrategias mencionados en esta publicación, pero no han tomado posiciones en valores mencionados en los cinco días hábiles bursátiles directamente anteriores ni posteriores a la fecha de publicación original, ni estos suponen más del 5% del patrimonio de ninguno.
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