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El hombre que dejó de predecir el futuro

  • Foto del escritor: Rafael Ortega
    Rafael Ortega
  • 3 feb
  • 8 Min. de lectura

Actualizado: hace 3 días

La historia de Harry Browne y el origen de la Cartera Permanente


En 1974, un libro sobre inversión llegó al número uno de la lista del New York Times. Se llamaba You Can Profit from a Monetary Crisis y su autor, Harry Browne, se había convertido en una estrella del mundo financiero.


Browne había hecho algo que muy pocos consiguen: predecir con precisión una crisis económica antes de que ocurriera. En los años 60, analizó la situación monetaria de Estados Unidos y concluyó que la inflación iba a dispararse y el dólar se iba a devaluar. Publicó su tesis en 1970. Lo que vino después —la crisis del petróleo, la stagflation, el abandono del patrón oro por Nixon, la inflación de dos dígitos— le dio la razón de forma espectacular.

Hizo una fortuna. Vendió millones de libros. Su nombre se asoció con una capacidad casi profética para leer la economía.


Y entonces hizo algo que casi nadie hace después de acertar en grande.

Se paró a pensar.


Las preguntas que nadie se hace


La mayoría de los inversores que aciertan una predicción importante sacan una conclusión obvia: soy bueno prediciendo. Refuerzan su confianza, doblan sus apuestas y construyen su reputación sobre la idea de que pueden volver a hacerlo.


Browne llegó a una conclusión opuesta.


Se preguntó: ¿realmente fui hábil, o tuve suerte? ¿Cuántos otros analistas hicieron predicciones igual de razonadas y se equivocaron? ¿Y si la próxima vez soy yo el que falla?

La respuesta le cambió la vida.


Concluyó que había tenido, fundamentalmente, suerte. Que su análisis era sólido, sí, pero que la economía es un sistema demasiado complejo para predecir con fiabilidad. Que existen miles de variables interconectadas, decisiones políticas imprevistas, cisnes negros, cambios de sentimiento colectivo que ningún modelo puede anticipar.


Esta honestidad intelectual —reconocer que tu mayor éxito fue en parte accidental— es extraordinariamente rara. Y es el punto de partida de todo lo que vino después.


El cambio de pregunta


Lo que hizo Browne a continuación es lo que separa a un especulador con suerte de un pensador de primer nivel.


Dejó de hacerse la pregunta habitual de los inversores: ¿qué va a pasar?


Y empezó a hacerse una pregunta diferente: ¿cómo me preparo para lo que sea?


Este cambio parece sutil, pero es radical. Porque la primera pregunta asume que puedes predecir el futuro. Y la segunda acepta, de forma honesta y definitiva, que no puedes.



Los cuatro estados del mundo


El razonamiento de Browne parte de una observación simple: la economía siempre está en uno de cuatro estados. No hay un quinto. Pueden combinarse, pueden alternarse, pueden durar más o menos. Pero todo lo que le pasa a una economía cabe en estas cuatro categorías:


Prosperidad. La economía crece. Las empresas ganan dinero. El empleo sube. El optimismo se extiende.


Inflación. Los precios suben. El dinero pierde valor adquisitivo. Lo que ayer costaba 100, hoy cuesta 110.


Recesión. La economía se contrae. Los beneficios caen. La incertidumbre domina. La gente vende.


Deflación. Los precios bajan. El dinero vale más, pero nadie quiere gastarlo. Los tipos de interés se desploman.


Diversificación Estructural y Cartera Permanente

La observación clave de Browne no es que estos estados existan —eso lo sabe cualquier economista—. La observación clave es que no podemos saber cuándo vendrá cada uno, cuánto durará ni con qué intensidad se manifestará.


Puedes tener opiniones. Puedes leer indicadores. Puedes escuchar a expertos. Pero no puedes saberlo.


Y si no puedes saberlo, la única estrategia racional es estar preparado para los cuatro. Simultáneamente. Siempre.


Un activo para cada escenario


Browne identificó cuatro activos, cada uno diseñado para prosperar en uno de los cuatro estados:


Acciones para la prosperidad. Cuando la economía crece, las empresas ganan más y sus acciones suben. Es el motor de crecimiento de la cartera.


Oro para la inflación. Cuando el dinero pierde valor, los activos reales y finitos se aprecian. El oro ha sido reserva de valor durante 5.000 años. No paga dividendos, no genera beneficios, pero protege contra la erosión monetaria como nada más lo hace.


Bonos de largo plazo para la deflación. Cuando los tipos de interés caen —como ocurre en deflación—, los bonos existentes a tipos más altos se revalorizan. Un bono a 30 años comprado al 5% vale mucho más si los tipos nuevos están al 1%.


Efectivo para la recesión. Cuando todo cae, el efectivo mantiene su valor y proporciona algo más valioso que rentabilidad: opcionalidad. Capacidad de comprar barato cuando los demás venden forzados.


Cartera Permanente

¿Y en qué proporción? 25% cada uno.


Por qué exactamente 25%


Browne no llegó a la distribución igualitaria por capricho. Llegó por lógica.


Si no sabes qué escenario viene, no tienes base racional para sobreponderar ningún activo. Dar 40% a acciones implica creer que la prosperidad es más probable que los otros escenarios. Dar 10% al oro implica pensar que la inflación es poco probable.


Pero acabamos de establecer que no podemos predecir el futuro. Así que cualquier desviación del 25% es una predicción encubierta. Y las predicciones encubiertas son las más peligrosas, porque ni siquiera somos conscientes de que las estamos haciendo.


La igualdad es la posición de máxima humildad. No dice "la prosperidad es más probable". Dice "no sé qué es más probable, y actúo en consecuencia".


Browne evolucionó hacia esta simplicidad. Su primera versión (1981) era más compleja: múltiples activos, proporciones ajustables según preferencias. Pero con los años se dio cuenta de que la complejidad era enemiga de la disciplina. Los inversores con carteras complejas las abandonan. Los inversores con carteras simples las mantienen.


Y en inversión, mantener es más importante que optimizar.


La paradoja del libertario


Hay un detalle fascinante en la biografía de Browne que revela la profundidad de su pensamiento.


Browne era un libertario radical. Creía en el mínimo estado posible. Fue candidato presidencial por el Partido Libertario en 1996 y 2000. Escribió libros contra la intervención gubernamental. Contribuyó a publicaciones antiestatalistas.


Y sin embargo, su cartera recomendaba poner el 50% del patrimonio en activos emitidos por el gobierno: bonos del Tesoro y letras del Tesoro.


Pragmatismo intelectual.


Browne distinguía entre lo que debería ser y lo que es. Creía que los gobiernos no deberían tener tanto poder sobre la economía. Pero aceptaba que lo tienen. Y construyó una cartera que funciona en el mundo real, no en el mundo ideal.


Esto dice mucho sobre su forma de pensar. No dejó que su ideología contaminara su estrategia. Usó lo que funciona, no lo que le gustaba.


¿Funciona?


Los datos dicen que sí, con matices.


Desde 1978, la Cartera Permanente ha generado un retorno anualizado de aproximadamente 8,4% en dólares. No está mal. Aunque no es la cartera que más sube. Pero el retorno no es la métrica más importante. También importa es cómo llegas a ese retorno.



La Cartera Permanente perdió. Pero perdió la mitad que las alternativas. Y se recuperó más rápido.


Esto no significa que sea perfecta. No lo es. Un inversor joven con 30 años de horizonte probablemente obtendrá más rentabilidad con más renta variable. La Cartera Permanente sacrifica retorno potencial a cambio de consistencia. Es un trade-off real.


Pero Browne diría: ¿estás seguro de que tu horizonte es 30 años? ¿Estás seguro de que no necesitarás el dinero antes? ¿Estás seguro de que mantendrás la calma cuando tu cartera pierda un 40%? ¿Estás seguro de que no venderás en el peor momento?



Lo que Browne nos dejó


Harry Browne murió en 2006. No llegó a ver la crisis de 2008, que habría validado su filosofía de forma brutal. No llegó a ver 2022, que habría sido su test más duro. No llegó a ver cómo su idea cruzó fronteras, se adaptó a otros países y evolucionó hacia formas que él probablemente no imaginó.


Pero dejó algo más valioso que un sistema de inversión. Dejó una forma de pensar.


La idea de que la humildad es una ventaja competitiva. Que aceptar lo que no sabes te pone en mejor posición que fingir que lo sabes. Que prepararse para todo es más inteligente que apostar por algo.


Browne resumió su filosofía de inversión en una frase:


"La inversión no es un concurso. Es un viaje para alcanzar tu destino financiero de forma segura y sin estrés."

Esa frase, escrita hace más de dos décadas, sigue siendo la mejor definición de inversión sensata que conozco.


Y ahora, ¿qué?


La Cartera Permanente original era americana. Acciones americanas, bonos americanos, dólares. Browne la diseñó para un inversor que vive y gasta en dólares.


Pero el mundo es más grande que Estados Unidos. Y el riesgo no se detiene en las fronteras.

En los próximos artículos exploraremos cómo funciona la mecánica interna de la Cartera Permanente, cuáles son sus debilidades reales, y cómo hemos llevado el concepto de Browne un paso más allá: de 4 activos en una moneda a 4 activos en 8 monedas. De proteger contra escenarios económicos a proteger contra escenarios económicos y geográficos, y aún más allá.


Porque si Harry Browne nos enseñó algo, es que el futuro es impredecible. Y si es impredecible, más vale estar preparado. En todos los sentidos posibles.





⚡ Pasa de la teoría a la práctica.


Puedes seguir el modelo tradicional, o puedes ajustarlo a tus necesidades y tratar de aprovechar nuevas oportunidades.


Es el momento de aplicar los fundamentos de la cartera permanente, la diversificación estructural y la eficiencia en capital a tu propia cartera y asegurarte de que estás obteniendo el máximo rendimiento, tanto con estrategias clásicas como con enfoques modernos.

Rafael Ortega Cartera Permanente

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Descargo de responsabilidad


Rafael Ortega Salvador es Gestor de Fondos de Inversión Senior en Andbank WealthManagement SGIIC, entidad supervisada por CNMV donde gestiona diferentes vehículos de inversión y carteras discrecionales. Estos vehículos y carteras pueden estar invertidos en los subyacentes, instrumentos, activos o estrategias mencionados en esta publicación, pero no han tomado posiciones en valores mencionados en los cinco días hábiles bursátiles directamente anteriores ni posteriores a la fecha de publicación original, ni estos suponen más del 5% del patrimonio de ninguno.


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